El objetivo del libro es el de plantear, e indagar en, toda una serie de preguntas… preguntas que creemos debería hacerse cualquier aprendiz de pintura o dibujo (de bellas artes)…
Bueno, debería no, porque pensamos que en el arte no cabe la palabra debería. Los artistas no tienen deberes. Los deberes son cosa de las personas, no de los artistas.
Nosotros no debemos de intentar ofrecer nada que se parezca a “soluciones” definitivas (dudo que las haya)… tipo “para hacer Realismo, hay que hacer esto, esto y esto…”
¿Qué se propone hacer….?
Escribir un libro que con el tiempo se convierta en una especie de libro de cabecera o biblia de todo primerizo aprendiz de bellas artes, sea estudiante universitario, alumno de academia de pintura, aficionado, etc.
Inciso: Digo primerizo aprendiz porque presupongo que cualquier artista que se precie debe ser un permanente aprendiz.
Dicho de otro modo, nuestro objetivo debería ser escribir ese libro que todos los profesores de bellas artes automáticamente recomiendan (o deberían recomendar) a sus alumnos de 1º y que éstos, inspirados por nuestras palabras y nuestras ideas, siguiesen consultando nuestro libro años después.
Y, por supuesto, debería traducirse al mayor número de idiomas posible – de ahí la necesidad de que mantengamos un enfoque internacional, no demasiado eurocentrista/occidentrista (éstas son palabras que aprendo de leer las discusiones políticas que suscita el señor Olicina en FB).
Y, aunque el libro vaya dirigido principalmente a estudiantes de bellas artes, debería, así mismo, resultar de interés a los aprendiz de cualquier arte: literatura, jardinería, arquitectura, teatro, gastronomía, etc., etc. Porque en lo fundamental, nuestro libro deberá hablar de “Arte”, más que de “arte” o “arte pictórico”.
Creo que, desde ya, debemos concebir el libro como algo que obligatoriamente debería evolucionar, algo que por su propia lógica, tiene que evolucionar, que no puede ser estático, ni en formato ni en contenido. Así, desde el principio, debemos declarar (debemos ufanarnos en) la transitoriedad y provisionalidad de nuestras ideas, de la permanente capacidad/obligación de corrección, modificación, matización... Habrás notado que me estoy acercando a lo que más me gusta… ¡elevar el nivel de confusión!.... ¡elevar el nivel, que no el grado, de confusión! Es que si no lo soltaba, me daba algo.
Tenemos que convertirnos en el Betty Edwards de artisteo pensante… dicen que la Betty se forró, vendiendo libros, haciendo cursillo, dando conferencias y firmando autógrafos.
Como somos 2, yo hago los cursillos y tú firmas los autógrafos.
De todos modos, de momento y por si acaso, la hipoteca págala con el bar…
Fundamentalmente, nuestro libro no debe intentar dar SOLUCIONES sino exponer PROBLEMAS, indagar en los problemas.
Partimos de la premisa que el 50% (¡o más!) de la solución de un problema reside en su correcto planteamiento.
Así, cuando alguien va a una tienda de bellas artes con la idea de comprar un tubo de pintura “color carne”, está más que claro que la persona no se está planteado correctamente ciertos problemas.
O la pregunta… ¿cómo se mezcla el color carne?
Yo creo que las preguntas se las deberíamos de proponer en principio nosostros, ya que el que no sabe es difícil que se plantee dudas realmente importantes, sin intentar pontificar al responder.
Por ejemplo yo creo que una de las cuestiones que se debieran de tratar es intentar definir básicamente pero no simple lo que es el arte, que yo lo entiendo como una forma de lenguaje, un lenguaje visual y que como tal precisa de unos conocimientos, procedimientos … básicos para poder tanto entenderlo como practicarlo.
Una de las cosas que más me sorprende dando clase es la calidad (por así decirlo) de las preguntas que las personas se hacen… o la carencia misma de ciertas preguntas.
Así, (por dar un ejemplo) encuentro que, en general, se habla de Realismo con un desparpajo extraordinario, como si eso que llamamos realidad no plantease problema alguno.
Así, en mis clases, planteo que quizá hoy, en el siglo XXI, el tema del Realismo ya no puede ser lo que quizá fue en antaño, es decir, lo que se ve, sino algo mucho más complejo, a saber, un discurso sobre lo que supone ver… es decir, el elemento (ser, cosa o evento) visto, el que lo ve, el acto de percepción, el que lo representa, la tradición de representación, el que ve lo que se representa, las expectativas del observador, etc., etc.
Así, el objetivo del libro es el de plantear (explicar, formular, aclarar) toda una serie de preguntas… todas esas preguntas que cualquier aprendiz de pintura o dibujo (de bellas artes) debería hacerse… hacerse a diario, una y otra vez.
Nosotros no debemos de intentar ofrecer nada que se parezca a “soluciones” definitivas (dudo que las haya)… tipo “para hacer Realismo, hay que hacer esto, esto y esto…”
Habría que citar también que el arte evidentemente es deudor de cada momento histórico, por ello no es lo mismo hablar de Realismo en el siglo XIX que hoy en dia con la virtualidad que nos ofrece los mass media.
Realismo, subjetivismo, abstracto, puntiliismo, texturas, veladuras, instalaciones… la elección de esa, vamos a llamarlo morfología, va a depender de lo que se quiera decir, transmitir, expresar… el medio (procedimiento-materia sensible…) debiera de ir supeditado al discurso.
Nosotros debemos planteárnoslo más bien algo así como… si quieres hacer Realismo, pues, quizá te convenga tener en cuenta ciertas cosas…. ¿es más realista un único punto de visión renacentista o un múltiple punto de visión cubista? ¿Qué relación hay entre realismo y verdad? ¿Qué significa mentir en las bellas artes? ¿Por qué se considera el Realismo más real/verdadero que un cuadro abstracto, si cuanto mayor es el engaño, supuestamente mejor es el realismo? Al fin de cuentas, un cuadro abstracto es lo que es y nada más. Si el objetivo del Realismo no realismo producir trampantojos, ¿cuál es su objetivo?